Memorias y Cultura: Bernarda América Ceballos Garrido

Por: Maximiliano Molina-Vega, integrante del equipo MCB

Bernarda América Ceballos Garrido (Talcahuano, 25 de abril de 1958) conocida artísticamente como Bernarda América es una destacada música chilena, cantautora, multiinstrumentista y profesora de música, que formó parte de la resistencia político-cultural en el Gran Concepción durante la dictadura cívico militar de 1973 a 1990.

Bernarda América nació en Talcahuano, Chile, y desde temprana edad tuvo un estrecho vínculo con la música. A los 11 años ya formaba parte del grupo folclórico de su escuela y a los 15 años de la agrupación folclórica de la reconocida Parroquia Santa Cecilia de Talcahuano. Por lo tanto, su infancia y juventud tuvo como escenario la efervescencia de las movilizaciones sociales, políticas y culturales que vivía el país en la década del sesenta y setenta de la mano de estudiantes, obreros, campesinos, artistas, entre otros. Todas estas ideas de revolución y nuevos cambios las absorbió de manera genuina.

Inspirada por Violeta Parra e influenciada por la Nueva Canción Chilena, el Canto Nuevo y el folclor latinoamericano, la cantautora desarrolla una nutrida carrera musical desde muy joven en el género del canto de raíz. Durante mucho tiempo se dedicó a interpretar obras de otros compositores, sin embargo, mucho después del retorno a la democracia es que comienza a crear sus propias canciones.

Bernarda América, a su vez descubre su vocación en la enseñanza y en las artes musicales, por lo que decide estudiar Pedagogía en Música en la Universidad de Concepción de la cual egresa en 1981.

Integrante del grupo oriundo de Talcahuano, “Despertar” de proyección andina. La agrupación tuvo su vigencia desde fines de la década del setenta y comienzos del ochenta y fue liderada solo por mujeres. En las que participaron Mariela Tassara, Claudia Tassara, Gloria María Ceballos, Verónica Troncoso, Gisela Quezada y Bernarda América. Interpretaban canciones del repertorio tradicional andino y del grupo antofagastino “Illapu”.

En 1981, a sus 23 años realiza su primer recital en el extranjero en el Paraninfo Universitario de la Pontificia Universidad Católica del Perú en ciudad del Cuzco de dicho país en el cual exhibe un repertorio de música original de compositores penquistas como Pablo Ardouin.

En 1984 viaja a la ciudad de Kalmar, Suecia, a presentar sus canciones gracias a un intercambio fraterno entre dos ciudades portuarias: Talcahuano y Kalmar. Además de ser un intercambio cultural y ecuménico gestionado por la sueca Anna Karin Gauding, quien trabajó durante la dictadura y en contra de ella, como defensora de los Derechos Humanos y de la cultura.

Allí la cantautora presenta un repertorio de Violeta Parra con canciones traducidas al idioma sueco, y también canciones de Víctor Jara y del folclor latinoamericano. Además de dar charlas sobre su testimonio respecto a la contingencia y realidad política que se vivía en Chile.

En 2007 fue miembro del “Grupo Kull Kull” de breve duración, el que se destacó por reinterpretar canciones de Violeta Parra con nuevas versiones y arreglos entre folclor y música clásica. Presentándose en espacios como el Foro de la Universidad de Concepción y en el Gimnasio de la Tortuga de Talcahuano.

Bernarda América se siente parte de esa resistencia política y cultural que enfrentó abiertamente a la dictadura militar liderada por el general Augusto Pinochet.

Siguió cantando con su registro de mezzosoprano y no detuvo el sonido de su guitarra, ni de su charango. Este último instrumento que en el imaginario colectivo simbolizaba una fuerte hostilidad y rebeldía para la junta militar, puesto que, se relacionaba con conceptos como “marxismo”, “comunismo”, “izquierda”, “revolución”, “Unidad Popular”, etc.

A pesar de ello, la cantautora fue una activa participante con su música en peñas folclóricas y en eventos culturales que se realizaban en poblaciones, en parroquias, en sindicatos, en ollas comunes, en comedores infantiles o en funerales de víctimas de la dictadura. Lo que la llevó a sufrir persecución y vigilancia en las distintas actividades disidentes a la dictadura.

El firme compromiso que asume frente a la represión política no solo la hizo resistir impetuosamente, sino que también encuentra un vestigio de solidaridad en medio del dolor, como valor humano. Esta es una de las virtudes que la artista rescata y reconoce de este periodo álgido de la historia chilena. Mucho apoyo, fraternidad y compañerismo no solo entre músicos, sino que, entre los artistas de todas las áreas, y también con las personas que no necesariamente eran artistas pero que sí sufrían las calamidades del régimen autoritario.

Una de las grandes características de esta artista es su identidad como cristiana, por lo que sentía el deber de ayudar al prójimo y a los más desposeídos. Ese complemento entre fe y política la desarrolló en la Parroquia Santa Cecilia de Talcahuano y en el Centro Cultural de dicha parroquia en la cual participó enérgicamente durante todo el periodo de la dictadura, a la cabeza del sacerdote Carlos Puentes quien trabajó en la Pastoral de Derechos Humanos y en la Vicaría Pastoral Obrera del Arzobispado de Concepción.

Hasta la fecha, Bernarda América cuenta con una trascendental trayectoria musical en la que ha tenido la posibilidad de compartir escenarios con artistas como Illapu, Fernando Ubiergo, Ángel Parra, José Seves, entre otros. Además, cuenta con dos producciones discográficas: “Amor América” (2012) auspiciado por la directora del Centro de Música y Danza de la Pontificia Universidad Católica del Perú (CEMDUC): Chalena Vásquez. Álbum en el que rinde homenaje a Víctor Jara, Violeta Parra, Rabino Palomares y Félix Luna. Posteriormente edita “Mujer Coraje Raíz” (2019) con canciones de su autoría en el que se puede evidenciar su potente voz acompañada de su romántica poesía y del privativo violín que la acompaña de la mano de su hijo Daniel Maribur Ceballos, violinista de la Orquesta Sinfónica de Antofagasta, quien también trabaja a la par con ella en los arreglos y producción musical.

Sin duda, hay que valorar y reconocer la ardua labor de la cantautora, no solo en el campo de la música y las artes, sino que también en lo político y social, quien sintió la urgente necesidad de combatir la injusticia social a pesar del peligro inminente que aquello conllevaba.

Generar consciencia a través de la música era su arma de lucha, a través del canto como su trinchera.