La ciudad, los barrios y la memoria obstinada

Plaza Perú Concepción

Por: Eduardo Solis Alvarez, Trabajador Social, integrante del equipo MCB

El modelo de desarrollo neoliberal nos ha impulsado, durante las últimas décadas, a una carrera desenfrenada hacia un progreso imaginado, situado en un horizonte difuso y con arreglo a promesas de desarrollo y modernidad, pero que, a la larga, genera vacíos identitarios, allí donde antes había contenido comunitario. El ritmo agobiante de este tipo de modernización conlleva, necesariamente, amnesias colectivas. La velocidad de los cambios y las ansias por llegar a ese lugar “imaginario” de modernidad, no es compatible con la remembranza, la nostalgia, la memoria, las que requieren para su ejercicio, actitudes colectivas de pausa, de reflexión, de conversación.

El modelo de ciudad que resulta de las políticas neoliberales es la mejor expresión de aquello. Ciudades que tienden a debilitar nuestros lazos sociales, con barrios fragmentados y segregados, que nos aísla y nos separa de los “otros”, de esa comunidad con la cual construimos memoria e identidad. Un modelo de ciudad que es, al mismo tiempo, excluyente para los pobres y exclusiva para los ricos. Es un modelo que necesita y fomenta las prácticas de olvido, y que sólo mira hacia “el futuro”. Por eso fomenta el individualismo, exacerba el consumo y destruye patrimonios.

No obstante, siempre se avizoran las ausencias que pululan entre las calles, entre la gente. Es el padre de Hamlet, son los desaparecidos, los muertos que invocan y que regresan al presente. Una ausencia, un recuerdo, una evocación, un dolor, algo/alguien que estuvo y que hoy no está, pero que se instala en las memorias colectivas, en las conversaciones, en los registros fotográficos, en una que otra canción, en los relatos de los viejos. Porque, pese a todo, las ciudades y los barrios nos ofrecen, aún, esa posibilidad nostálgica del recuerdo y de la memoria. Aceptemos la invitación de Redolés, y vamos a vivir “esa fragilidad peligrosa de corromperse”. Ahí están aún los antiguos edificios, las calles empedradas, los viejos almacenes, los clubes de barrio, las viejas formas asociativas. Persisten. Y persisten como reflejo de una parte de nosotros que se resiste al olvido, que recuerda y reclama aún por una “comunidad perdida”, pero que urge recuperar, y que, en nuestro caso, aún nos remite al país “que éramos” antes de la fiebre compulsiva.

Boliches con Historia”, los negocios de barrio que han resistido el paso  del tiempo - El Mostrador