El terror, esa vieja arma: días previos al plebiscito del 88

Imagen: Revista CAUCE, N°178, 3 octubre 1988

Por: Eduardo Solis Alvarez, Trabajador Social, integrante del equipo MCB

En una interesante columna escrita por Vicente Parrini y Marcelo Mendoza, titulada “El terror, esa vieja arma de la derecha”, aparecida en la revista APSI [1] pocos días antes del plebiscito de 1988, los autores ya nos advertían que uno de los tópicos recurrentes de la campaña del SI era “el futuro incierto y tenebroso que nos espera si triunfa la opción opositora”. ¿Les parece conocida la advertencia?

En efecto, los días previos al plebiscito del 88, se caracterizaron por la exacerbación de las prácticas retorcidas de la dictadura para intentar impedir el triunfo del NO. Prácticas, eso sí, que la dictadura naturalizó durante 17 años de represión sistemática, por tanto, acaecidas en ese contexto, aparecían (disculpen la metáfora) como los últimos pataleos de un ahogado. Durante la semana anterior, toda la prensa de oposición informaba sobre innumerables situaciones irregulares, y derechamente delictuales, en contra de organizaciones y personas partidarias del No. En Punta Arenas, por ejemplo, desconocidos arrojan excrementos humanos en la Radio Presidente Ibáñez (que transmitía en cadena con radio Chilena), al mismo tiempo que jóvenes que participaban de una actividad de campaña del No, fueron detenidos y vejados por Carabineros, quienes los obligaron a desnudarse.[2]  La prensa informa además sobre la retención y robo de cédulas de identidad, por parte de Carabineros y civiles “no identificados”, a cientos de ciudadanos y ciudadanas en todo el país. La revista Cauce informa que ésta práctica se ha podido verificar en Santiago, Valparaíso, Viña del Mar, Chillán, Concepción y Osorno. En Concepción, para no ir más lejos, se encontraron 30 cédulas en el sector Laguna Redonda, las que fueron robadas a los pasajeros de un autobús por civiles presuntamente armados.[3] Esta práctica, que hoy aparecería un tanto burda, la puedo corroborar en primera persona y en calidad de víctima. Por otro lado, están los montajes y la exaltación de la violencia y el caos al que nos iba a conducir un triunfo del No, y, por lo tanto, sólo la figura del veterano dictador y todas sus adláteres, podía redimirnos de la tragedia en la que caeríamos a partir del mismísimo 6 de octubre, apenas consumado el plebiscito. La propaganda televisa del Sí, fue un intento patético al servicio de esa estrategia. No era Venezuela, era Cuba el fantasma que nos asolaba.

En consecuencia, las prácticas de las que hemos sido testigos las últimas semanas, quizás algo más sofisticadas, aunque en ocasiones igual de burdas, aparecen, nuevamente, como una estrategia desesperada de la derecha por mantener incólume el último bastión del pinochetismo: su Constitución, ese orden jurídico, de herencia portaliana, que permite que el Estado sea sólo una excusa para la hegemonía del Mercado.  Nada nuevo bajo el Sol, podríamos pensar.

¿Algo que aprender? Claro, no olvidar que toda alegría es pasajera. El año 88, la alegría exultante de ver derrotadas las pretensiones del dictador, hizo soslayar un dato que, a mi juicio, es relevante, y del cual íbamos a ser conscientes sólo una década después: un 44% de los votantes optó por el Si, vale decir, casi la mitad de los votantes prefería que la “nueva democracia” fuera dirigida por el mismo dictador, eso sí, con terno y con corbata.  Ojo con eso. Un segundo aspecto para no olvidar es que toda la administración de la nueva democracia se entregó en concesión a los partidos políticos que conformaban el establishment de la política, agrupados en dos grandes conglomerados que monopolizaron la política y adoptaron acuerdos a puertas cerradas.  La ciudadanía, el pueblo, sus organizaciones, literalmente, se fueron para la casa, y -también hay que reconocerlo- a los malls. Entonces, tomemos nota, definamos posiciones, equilibremos las alegrías y pongámonos a trabajar, porque la tarea es ardua.

Concepción, 22 de octubre 2020

Referencias:

[1] Revista APSI N° 271, 26 septiembre 1988

[2] Revista APSI, N° 272, 3 octubre 1988

[3] Revista CAUCE, N°178, 3 octubre 1988